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Open-access Cuerpos en formación: Salud y reconocimiento social en la vida militar

Embodied formation: health and social recognition in military life

Resumen

El cuerpo del soldado representa un espacio cargado de significados y representaciones simbólicas orientados a la defensa, la disciplina y el honor. Desde la concepción de la Fenomenología de la percepción de Maurice Merleau- Ponty, constituye el medio a través del cual se interpreta el mundo militar. Es aquí donde se internaliza la identidad militar. Este artículo enmarcado en un abordaje filosófico plantea cómo el cuerpo en formación dentro del ámbito militar se constituye en un medio de expresión, discurso y significado, y cómo la búsqueda de la salud y el reconocimiento social están interrelacionados en la construcción de la identidad castrense. Este artículo explora desde la metodología cualitativa con enfoque fenomenológico y diseño no experimental, algunas prácticas cotidianas que favorecen a que el cuerpo del soldado se establezca como un símbolo de reconocimiento social, integrando prácticas derivadas del culto al cuerpo para el alcance de una apariencia como instrumento de visibilidad. Dentro de los argumentos que resultan de este abordaje fenomenológico, se establece que el soldado asume la primacía del ideal social, sometiéndose a técnicas disciplinarias corporales de resistencia, potencia, fuerza y otras, en la búsqueda de unas dimensiones corporales deseadas. A su vez, el poder se expresa con relación a la alteridad, es decir, que el cuerpo del otro y la percepción que de él tenemos pueden ser utilizados como elemento de reconocimiento social sobre el cuerpo ajeno (otredad). Esto se evidencia en la desigualdad del proceso de construcción corporal de los miembros de las fuerzas armadas.

Palabras clave:
Culto al cuerpo; salud; reconocimiento social; militar

Abstract

The soldier’s body represents a space imbued with meanings and symbolic representations oriented toward defense, discipline, and honor. From Maurice Merleau-Ponty’s conception of the Phenomenology of Perception, it constitutes the medium through which the military world is interpreted. It is here that military identity becomes internalized. This article, framed within a philosophical approach, examines how the body in formation within the military sphere is constituted as a medium of expression, discourse, and meaning, and how the pursuit of health and social recognition are interrelated in the construction of military identity. Employing a qualitative methodology with a phenomenological focus and a non-experimental design, the study explores everyday practices that contribute to establishing the soldier’s body as a symbol of social recognition, incorporating practices derived from body cults to achieve an appearance that functions as an instrument of visibility. Within the arguments emerging from this phenomenological approach, it is posited that the soldier assumes the primacy of the social ideal, subjecting himself to disciplinary bodily techniques of endurance, power, strength, and others, in pursuit of desired bodily dimensions. At the same time, power is expressed in relation to alterity, meaning that the body of the other-and the perception we have of it-can be employed as an element of social recognition projected onto another’s body (otherness). This becomes evident in the unequal processes of bodily construction among members of the armed forces.

Keywords:
Cult of the body; health; social recognition; military

Introducción

La promoción de un estilo de vida saludable favorece la práctica de diversas acciones a fin de lograr vigorosidad, esbeltez y longevidad. El cuidado del cuerpo ha sido valorado desde diversos posicionamientos, lo cual ha permitido diferentes concepciones ético-morales, socioeconómicas y culturales expresadas a través de dinámicas coherentes al contexto en cuestión. Pensar en el bienestar físico supone la promoción de acciones que incorporan la selección de prácticas adecuadas en cuanto una a alimentación saludable, la realización de la actividad física y las llamadas actividades del ocio o recreación, a la par de la utilización de los servicios sanitarios que respondan a los requerimientos de la población.

El cuerpo humano ha sido objeto de estudio desde diversas disciplinas, considerado no solo en su dimensión biológica, sino también como portador de significados culturales y sociales. En el contexto castrense, el cuerpo adquiere una relevancia particular, esto es, un medio de expresión y discurso en sí mismo. “La modernidad, conforme Le Breton, trajo consigo la mirada del cuerpo como objeto, como representación, como valor, como signo y como lugar privilegiado en la construcción de la subjetividad” (Pérez, 2017, p. 193).

Este proceso no solo busca desarrollar habilidades técnicas y tácticas, sino también infundir valores como la disciplina, el honor y la lealtad, que se manifiestan a través del comportamiento corporal y la apariencia física. En este sentido, la apariencia es portadora de significados que trascienden lo individual, lo cual constituye un símbolo de colectividad. La consonancia en la vestimenta, la sincronización en los movimientos y la disciplina en la cadena de mando son manifestaciones de cómo el cuerpo se convierte en un significante de los valores militares.

A modo de antecedentes, resulta pertinente traer a colación los aportes de filósofos que se refieren a esta problemática. La formación militar implica una transformación integral del individuo, donde el cuerpo es moldeado para cumplir con los requerimientos biopsicosociales y simbólicos de la institución (Foucault, 1995; Bourdieu, 1984). Este proceso no solo busca desarrollar habilidades técnicas y tácticas, sino también infundir valores como la disciplina, el honor y la lealtad, que se manifiestan a través del comportamiento corporal y la apariencia física (Segal, 1986).

Al respecto, Sandoval y Otálora (2015) realizaron un estudio en el proceso de formación de cadetes y el alcance de los cambios físicos, mentales y corporales, los cuales favorecieron su evolución como líderes militares, los resultados indicaron que el alcance de esta mejora corporal constituye un aspecto fundamental para afrontar los desafíos que enfrentan los futuros militares en diversas regiones del país.

Una perspectiva desde la salud pública, abordada por Falefi et al. (2023), quienes realizaron una revisión sistemática sobre los determinantes sociales de la salud en contextos militares, identificaron algunos de los principales factores económicos y sociales que influyen significativamente en el bienestar del personal militar, permitiendo comprender la importancia de los citados aspectos como ejes fundamentales para garantizar la salud del personal militar y promover la salud general de la sociedad.

Desde la dimensión de las artes, Flores (2003) analiza la serie documental titulada "Camuflajes", explorando cómo la experiencia militar deja una huella en el cuerpo uniformado, convirtiéndolo en un símbolo de la disciplina y la identidad castrense. Cabe destacar que la utilización de accesorios militares es de alta preferencia en algunos ciudadanos que además de visualizarlo de forma atractiva, representan una cuota de autoridad y poder.

Por otro lado, desde una visión cualitativa y holística, González y Pérez (2020) enfatizan sobre la importancia del cuidado físico en la formación de combatientes del Ministerio del Interior de Cuba, resaltando cómo esta condición influye en el cumplimiento del deber, así como en la asignación de las funciones y roles. En el mismo orden, Piuzzi (2020) reflexiona sobre la relación entre las Fuerzas Armadas y la sociedad, analizando cómo los cambios sociales y culturales influyen en la organización militar y la percepción del cuerpo militarizado en el contexto latinoamericano. En tanto que, Díaz, Lescano y Paz (2020) exploran cómo los valores universales influyen en el compromiso académico de los cadetes, destacando la importancia de la formación ética y moral en la construcción de la identidad militar y las implicaciones en el reconocimiento social.

En el contexto local, González (2020) aborda la incorporación de mujeres en las Fuerzas Armadas de la República Dominicana, analizando las barreras estructurales y culturales que enfrentan, y cómo éstas afectan la construcción de su identidad corporal y profesional dentro de la institución militar. Por último, Tejeda (2025) expresa en su libro Culto al cuerpo: las tensiones entre la salud y la apariencia, cómo los significados del cuerpo se pueden señalar a partir de tres puntos, el primero es que el significado del cuerpo debe ser escenario y superficie donde se inscriben posturas, deseos y miedos como forma de expresión. El segundo punto establece que el cuerpo tiene como significado la proyección y medio de reconocimiento del otro. El tercer punto apunta que el cuerpo es fuente de intervención humanizante en el mundo, a saber, el origen de la identidad cultural del hombre.

Un aspecto por explorar desde el abordaje epistemológico, a partir del hecho que la formación militar ha sido objeto de análisis desde múltiples disciplinas, consiste en destacar la transformación del cuerpo como eje central en la construcción de la identidad castrense. Antropológicamente, el cuerpo del soldado es un espacio donde se registran ciertas prácticas culturales y sociales de la institución militar a la que pertenece, lo cual está delimitado por un conjunto de actividades centradas en rituales y normas de conducta que contribuyen a la construcción de un cuerpo que refuerza la estructura jerárquica y los valores del colectivo al que pertenece.

En el mismo orden, la vertiente sociológica que aborda el tema del reconocimiento social en la vida militar está estrechamente vinculada con la salud y la apariencia física del individuo. La capacidad de cumplir con los estándares físicos y de mantener una imagen corporal que refleje los ideales militares es de gran relevancia para obtener prestigio dentro de la institución.

En el mismo orden, la vertiente sociológica que aborda el tema del reconocimiento social en la vida militar está estrechamente vinculada con la salud y la apariencia física del individuo (Bourdieu, 1984; Shilling, 2003). La capacidad de cumplir con los estándares físicos y de mantener una imagen corporal que refleje los ideales militares es de gran relevancia para obtener prestigio dentro de la institución (Turner, 1996).

Este escrito parte de lo observado a lo largo de nuestra trayectoria recorrida en el desarrollo de investigaciones que involucran el abordaje del fenómeno del culto al cuerpo desde la Teoría de la Fenomenología de la Percepción de Maurice Merleau- Ponty. De modo que el posicionamiento fenomenológico está orientado a la descripción e interpretación de las estructuras fundamentales de la experiencia vivida, al reconocimiento del significado del valor de esta experiencia. “La atención a la vida es la consciencia que tomamos de unos movimientos nacientes en nuestro cuerpo” (Merleau-Ponty, 1994, p. 97), con lo que se devela la dimensionalidad del cuerpo como instrumento de reconocimiento social en el contexto castrense, el cual no es ajeno a dicho fenómeno sociocultural.

Existe una idealización imperante sobre poseer un cuerpo acorde con lo establecido en la sociedad actual (Featherstone, 2010; Le Breton, 2017). Esto conlleva a someter al cuerpo a un conjunto de prácticas o ritos que, en nombre de la salud, muchas veces, son asumidos sin el conocimiento necesario sobre un estilo de vida saludable (Crawford, 1980; Turner, 1996). Dichas acciones favorecen la fragmentación del individuo como ser ontológico, lo que plantea la necesidad de abordar este fenómeno social del culto al cuerpo desde una mirada transdisciplinar (Le Breton, 2017; Merleau-Ponty, 2012). Esta mirada es predominantemente filosófica, aplicando el enfoque cualitativo, con un alcance descriptivo, por lo tanto, este este estudio es de diseño no experimental, ya que no se manipulan variables y no amerita la inclusión de datos estadísticos.

El presente artículo aborda desde la mirada fenomenológica algunas prácticas que van desde la experiencia de vida cotidiana de cómo el cuerpo del soldado se convierte un espacio de expresión, discurso y significado, integrando aspectos de algunas prácticas derivadas del culto al cuerpo y cómo la salud y el reconocimiento social están interrelacionados en la construcción de la identidad castrense.

Desarrollo

Marco teórico

El cuerpo subordinado: la imagen corporal como instrumento de poder

Desde el pensamiento fenomenológico Merleau-Pontiano, emerge una comprensión del cuerpo como medio de expresión que se da y recibe, a partir de una apreciación propia y con el otro. En el desarrollo de la historia del hombre, en las distintas épocas, culturas y sociedades, se puede observar que la imagen corporal se ha instalado como un símbolo de autoconocimiento y dominio del cuerpo-propio, lo cual cambia de forma permanente, evocando, de acuerdo con el contexto y las características del grupo en cuestión, socialmente establecidas, algunas cuotas de poder.

En el ámbito táctico, esta dinámica se manifiesta en la forma en que el cuerpo expresa un sometimiento a la disciplina física que evidencien las dimensiones corporales acorde al tipo e intensidad del ejercicio, así como la selección de las raciones alimentarias adecuadas. De otra parte, impera el hecho de que la expresión corporal en el contexto castrense involucra aspectos fundamentales como la obediencia, formación y el sentido de pertenencia a través de gestos, posturas y movimientos corporales cargados de significado, los cuales derivan de un entrenamiento sistemático. Ferrari (2012) establece:

La imagen del Ejército recae mayoritariamente en sus miembros, estos poseen un cuerpo que permite representar las formas propias de la milicia, por esto el cuerpo de un militar debe sostener la imagen del liderazgo, ya que es el cuerpo el que proyecta la imagen del líder con las posturas erguidas, los tonos de voces claros y fuertes, la mirada segura, y en general con los movimientos intencionados (p. 40)

En el ámbito civil, también se puede destacar el hecho de que la sociedad moderna evidencia diversas posturas en cuanto a las preferencias del sujeto actual, existe una necesidad de ser a partir de la apariencia del cuerpo. Dicha realidad ha permitido el incremento de actividades dirigidas al cuidado de este a través de diversos espacios, tanto públicos como privados, dentro de los cuales están los gimnasios, centros de estética, entre otros.

En este punto de reflexión, es preciso, plantear que, existe un discurso el cual no es simplemente aquello que se traduce como cuidado de la salud, lo cual se manifiesta a través de la búsqueda de una imagen corporal socialmente inducida y que favorece el establecimiento de relaciones de poder las cuales inicialmente corresponden, en el caso de quienes viven el fenómeno del culto al cuerpo, a una especie de admiración por parte de aquellos sujetos que no poseen un cuerpo socialmente impuesto. Dicho de otro modo, el sujeto sometido expresa admiración hacia quienes exhiben una imagen corporal idealizada.

Dentro de las acciones ejercidas como microcuotas de poder, aspecto planteado por el filósofo francés Paul-Michel Foucault en su obra Vigilar y castigar en la década de los 70, sobre la evolución del poder en las sociedades, se puede observar que, en las diferentes etapas de la vida, sobre todo en la adolescencia temprana, existe una preocupación por la imagen corporal. Una característica social importante es el hecho de la valoración de cómo este individuo se siente percibido por sus pares, esto es la llamada presión de grupo ejercida por los líderes emergentes y parte del colectivo sobre quien busca ser aceptado en dicho círculo social, lo cual generalmente se desarrolla en el entorno escolar. “Nadie puede estar aislado de la sociedad en la que vive, de alguna u otra manera está en contacto con el entorno, donde se desarrollan diferentes tipos de socializaciones” (Tejeda, 2017, p. 44).

Lo antes planteado se observa también en la tercera edad, etapa en la que las llamadas enfermedades crónicas no transmisibles tienden a diagnosticarse con mayor frecuencia debido tanto a los procesos fisiológicos del envejecimiento, como a los avances en la detección médica (Organización Mundial de la Salud [OMS], 2015; Menéndez, 2002). Estos padecimientos suelen impactar negativamente en la calidad de vida. Además, los hábitos alimentarios adquiridos a lo largo de las etapas previas influyen de manera significativa en el estado de salud en la vejez, por lo que el estilo de vida asumido en esta etapa desempeña un papel crucial en la evolución y el manejo de dichas patologías (World Health Organization, WHO, 2011).

De igual modo, en el entorno castrense, esta etapa de la vida, particularmente en los hombres que acceden al retiro, coincide con una disminución de la carga laboral y una transición vital significativa. Muchos de ellos, durante su trayectoria militar, desarrollaron una cultura de actividad física de moderada a intensa, vinculada al cumplimiento disciplinado de su misión institucional. Sin embargo, al cesar esta rutina estructurada, resulta fundamental implementar cambios graduales y adaptativos desde una perspectiva bio-psico-social que permitan una adecuada adaptación al nuevo estilo de vida.

Diversos estudios sugieren que la adopción progresiva de hábitos saludables es clave para prevenir patologías frecuentes en esta etapa, como el sobrepeso, la obesidad, las dislipidemias y los trastornos del estado de ánimo (Garatachea & Lucia, 2011). Esta transición requiere no solo intervenciones médicas, sino también acompañamiento psicosocial y educativo que promueva la autonomía, el sentido de propósito y el bienestar integral del militar retirado. De acuerdo con Foucault (1970/2005) se impone la necesidad de adoptar un discurso dirigido a responder a las mencionadas cuestiones, con el propósito de fomentar en el sujeto una conciencia sobre la gestión del bienestar en esta etapa, por lo que plantea, sobre el deseo y el poder, lo siguiente:

El discurso verdadero, al que la necesidad de su forma exime del deseo y libera del poder, no puede reconocer la voluntad de verdad que lo atraviesa; y la voluntad de verdad que se nos ha impuesto desde hace mucho tiempo es tal que no puede dejar de enmascarar la verdad que quiere (p. 24)

Lo que se puede desprender de esta cita es que el sujeto militar acostumbrado a la vida activa y combativa ha de ir adaptándose a esa época inevitable de la vida donde se ha perdido el vigor corporal y mental, algo que requiere una reflexión interna individual o bien, de ser requerido, un acompañamiento de profesionales de la conducta. Es a partir de estos cambios morfológicos que se puede observar en algunos envejecientes una preocupación por el logro de una imagen corporal que exprese bienestar, proactividad y jovialidad. Actualmente, se exhibe una tendencia en aumento en ambos sexos.

En este contexto, la aparición de sarcopenia, una condición geriátrica multifactorial caracterizada por la pérdida progresiva de masa y funcionalidad muscular incide de manera directa en la forma y volumen del cuerpo, afectando no solo la movilidad y la fuerza, sino también la autoimagen y el estado anímico. Como señalan Rendón y Osuna (2018):

La sarcopenia representa un aspecto importante en la valoración nutricional del sujeto, pues favorece la aparición de tres aspectos asociados a la disminución de la masa muscular ‒la cantidad, la fuerza y la funcionalidad‒, lo que implica modificaciones importantes en la forma y el volumen muscular y, por tanto, en la apariencia corporal, por lo que, si con esto no se establece una conciencia de dichas modificaciones y aceptación de la etapa de vida correspondiente, pueden aparecer alteraciones en el estado de ánimo y la autovaloración corporal (p. 1)

En los adultos mayores con trayectoria militar, estas transformaciones pueden vivirse con especial ambivalencia: por un lado, el cuerpo fue durante décadas instrumento de disciplina, fortaleza y reconocimiento; por otro, el envejecimiento impone una ruptura con ese ideal. De ahí la importancia de promover una conciencia corporal ajustada a la etapa vital, que favorezca la aceptación de los cambios y prevenga trastornos en la salud mental y emocional.

En este sentido, podemos entender cómo nuestra corporalidad está condicionada por las opiniones de las demás personas, expuesta a las normas sociales. Sobre el concepto de corporalidad, Saüch y Castañer (2013) indican cómo se clasifican sus diferentes dimensiones:

Existen tres tipos de corporalidad que construimos debido a una serie de factores espaciales y temporales: en primer lugar, la dimensión introyectiva, que generamos a partir del autoconocimiento y de la autovaloración, permite ir construyendo un cuerpo identificado. En segundo lugar, la dimensión extensiva, que implica la consecución de un cuerpo ubicado en cada entorno que nos rodea. En tercer lugar, la dimensión proyectiva, que genera un cuerpo adjetivado que permite expresar símbolos con respecto al propio cuerpo, así como expresar nuestras emociones (p. 113).

Los aportes de Saüch y Castañer (2013) expresan entre otras cosas, cómo los factores espaciales y temporales permiten la construcción en la conciencia del sujeto de un cuerpo identificado a partir del autoconocimiento y de la autovaloración, lo cual está condicionado por los aportes recibidos en la crianza, que a su vez permiten la aceptación y gratificación con nuestra imagen ante el mundo.

Por otro lado, encontramos el cuerpo ubicado en el contexto que habitamos, lo que corresponde a la dimensión extensiva, y que permite el establecimiento de las interacciones sociales a partir de la percepción de los demás hacia nuestra imagen. “Todo estímulo producirá un efecto o respuesta sobre el cual se va conformando la conducta del individuo, esta dinámica de interacción es necesaria para sobrevivir” (Tejeda, 2017, p. 44). Visto de este modo, los seres humanos requerimos ser parte de un colectivo. En este orden de ideas, la manera en que somos aceptados por nuestro entorno y las conductas de los demás hacia nuestra persona se determina sustancialmente en función de esa aceptación social percibida. En sentido general, existe un mayor margen de agrado hacia quienes son considerados poseedores de una imagen corporal socialmente impuesta.

Al reflexionar sobre del poder ejercido en el cuidado del cuerpo nos lleva a la consideración de la absoluta necesidad de adquisición de ciertos productos disponibles en el mercado, un poder definido por algunas prácticas que en algunas ocasiones exhiben acciones no adecuadas en cuanto a la alimentación, frecuencia e intensidad de la actividad física. Dichas acciones apuntan al alcance de un cuerpo idealizado, que indica, a su vez, la expresión del poder a través de la imagen corporal inducida por el entorno. El sometimiento del cuerpo se lleva a cabo desde diferentes esferas, siendo uno de ellos el poder ejercido desde el ámbito de la salud a través de las transformaciones en la ingesta alimentaria. “En este sentido, la privación alimenticia de la dieta moderna de adelgazamiento ofrece una imagen paradigmática del autocontrol médicamente institucionalizado” (Vicente, 1997, p. 13).

Es importante destacar que, desde los inicios de la historia de la medicina, Hipócrates estableció la importancia de la alimentación en el cuidado de la salud. Las directrices realizadas por los galenos para la prevención y curación de diversas patologías involucran cierta cuota de poder ante la mirada del paciente. Tales prescripciones forman parte de un conjunto de acciones asociadas para el alcance de un cuerpo pensado desde las formas de representación de una sociedad que se ha vuelto medicalizada. Tomando en consideración el pensamiento de Foucault, en donde el cuerpo se establece como un portador de un sujeto favorecido de las alineaciones emergentes del poder, sobre el biopoder ejercido desde el ámbito médico, Martínez (2018) refiere lo siguiente:

Foucault se interroga sobre estos excesos de la medicina politizada que la llevan a ejercer un papel de control social y de normalización de las poblaciones, no es menos cierto que se muestra preocupado por encontrar el modo de transferir los indiscutibles adelantos preventivo-terapéuticos de la medicina contemporánea a las regiones sub-medicalizadas del mundo (p. 32)

Lo antes planteado permite conocer cómo, en algunos casos, la práctica médica asume el control de los pacientes a través de un discurso en nombre de la educación en salud, indicando los beneficios que prometen las recomendaciones dietéticas y las prácticas de ejercicio que convergen en la adopción de un estilo de vida saludable que impone la sociedad actual. “Todo sistema de educación es una forma política de mantener o de modificar la adecuación de los discursos, con los saberes y los poderes que implican” (Foucault, 1970/2005, p. 45).

Otro modo en que se establece el ejercicio del poder sobre el cuerpo es el experimentado por quienes buscan cambios anatómicos a través de los rituales del culto al cuerpo. Pues, quienes exhiben un cuerpo socialmente impuesto son vistos como puntos de referencias sublimados, permitiendo esto una clara dinámica de poder. Foucault nos habla sobre la transmisión de saberes dentro de un colectivo y las distintas relaciones emergentes de poder, las cuales permiten establecer un discurso en la vida cotidiana, todo un sistema de enseñanza-aprendizaje, y se plantea la siguiente interrogante:

¿Qué es, después de todo, un sistema de enseñanza, sino una ritualización del habla; sino una cualificación y una fijación de las funciones para los sujetos que hablan; sino la construcción de un grupo doctrinal cuando menos difuso; sino una distribución y adecuación del discurso con sus poderes y saberes? (Foucault, 1970/2005, pp. 45-46)

Este cuestionamiento permite la reflexión acerca de la cuota de poder ejercida por el sujeto que somete bajo su discurso sobre el cuerpo a quienes buscan mayores resultados en su imagen corporal, o sea, al sujeto sometido. Relacionado a este argumento, la sociología militar explora cómo las instituciones castrenses forman la identidad y el proceder de sus miembros. La disciplina, el entrenamiento físico y las formalidades que caracterizan el quehacer cotidiano refuerzan la cohesión y el sentido de pertenencia, con el cuerpo como eje central de estas prácticas, por lo que, en el desarrollo del reconocimiento social, se involucran diversos aspectos dimensionados por la cultura y, en el caso de nuestro contexto, reviste ciertos niveles de disciplina y honor, lo que se traduce en formas de admiración en ciertos momentos.

En términos generales, se puede traer a colación que, a través de los tiempos, ha migrado la idea de la búsqueda de un cuerpo bello a un cuerpo sano; esta nueva idealización del cuerpo no deja de lado el concepto de belleza, sino que equipara ambos conceptos, de modo que es la imagen de aparente salud y bienestar una nueva forma de manifestación de la belleza, por la que se asigna a ciertos sujetos, sobre todo a aquellos que exhiben algún símbolo de poder, como es el caso de la vestimenta militar, un dominio y sometimiento de su propio cuerpo y, a la vez, el ser admirados por quienes viven en la asignación de sentido a la imagen corporal.

El biopoder y la medicalización del cuerpo

Desde la antigüedad, la medicina ha ejercido un poder normativo sobre los cuerpos al prescribir dietas, actividades y comportamientos destinados al mantenimiento de la salud. Esta medicalización contemporánea, como plantea Vicente (1997), cristaliza en la dieta moderna de adelgazamiento como “una imagen paradigmática del autocontrol médicamente institucionalizado” (p. 13). En efecto, las prácticas médicas y sanitarias, aun bajo el noble propósito de promover la salud, funcionan como dispositivos de control social sobre los cuerpos (Foucault, 2005; Martínez, 2018).

En el contexto militar, este discurso médico se vuelve aún más potente: el cuerpo debe responder a las exigencias de la institución en términos de fuerza, resistencia y estética, en nombre de la salud colectiva y del prestigio personal. Como subraya Foucault (2005, p. 45), “todo sistema de educación es una forma política de mantener o de modificar la adecuación de los discursos, con los saberes y los poderes que implican”.

De esto se infiere que el culto al cuerpo, entendido como ritual contemporáneo, despliega así un sistema de enseñanza y aprendizaje donde quienes logran encarnar los ideales corporales ejercen poder simbólico sobre quienes los admiran o se someten a sus estándares. En la institución militar, la sociología del cuerpo explica cómo la disciplina física, la apariencia y la gestualidad refuerzan la cohesión, el sentido de pertenencia y el reconocimiento social.

El cuerpo como instrumento de visibilidad en la realidad castrense: la imagen corporal portadora de triunfo y de fracaso

Desde la perspectiva fenomenológica, el cuerpo en el ámbito militar no solo expresa, sino que también es un discurso en sí mismo. Es un texto que se escribe y se lee, donde cada cicatriz, cada insignia y cada postura cuenta una historia de sacrificio, valor y compromiso. Este discurso corporal es fundamental para la construcción de la identidad militar y para la transmisión de valores dentro de la institución. Por lo tanto, el cuerpo disciplinado se convierte en un símbolo de la nación, representando la fuerza y la protección del Estado. En ceremonias, como el tradicional desfile del 27 de febrero, en honor a la independencia de nuestra patria, Republica Dominicana, donde el cuerpo del soldado constituye un emblema de poder y unidad, reforzando el discurso nacional y patriótico.

Por otro lado, el alcance del reconocimiento y la admiración social, en el ámbito militar a partir del sometimiento del cuidado excesivo del cuerpo como medio de alcance del triunfo, corresponde a un concepto profundamente arraigado en nuestra sociedad. Esto se debe a la necesidad de ser reconocido por el entorno, pero ¿qué significa esto realmente en los cuerpos en formación en la Academia Militar? En esencia, es el acto de alcanzar avances importantes en la imagen corporal y que los pares o iguales y hasta los superiores expresen cierto grado de admiración.

Es el resultado del trabajo duro, la dedicación y la tenacidad, que debe ser establecida en cualquier práctica relacionada con el cuidado del cuerpo. La victoria relacionada con la imagen corporal puede adoptar diversas formas y significaciones, desde la conquista de objetivos personales por el cuidado de la salud ante un factor patológico predisponente, hasta el logro de la victoria en competiciones deportivas, tanto de aficionados como de profesionales.

Es esencial tener en cuenta que, en el ámbito deportivo, la victoria no consiste únicamente en vencer a un adversario u oponente, sino más bien en esforzarse por convertirse en la mejor versión del soldado que compite. Cuando se trata del cuerpo, el triunfo o la victoria puede verse como una celebración del físico alcanzado y de todo lo que es capaz de hacer. El cuerpo puede convertirse en un poderoso símbolo de éxito que permita ser tomado en cuenta para fines de ascenso y reconocimiento (Le Breton, 2021).

Sin embargo, la obsesión por el cuerpo también puede representar una dualidad. Si bien enaltecer el cuerpo y sus logros puede ser reanimador, también puede dar lugar a resultados negativos, como son los estándares de belleza poco realistas. El cuerpo es una entidad compleja y polifacética, que lo abarca todo, desde la aptitud física hasta la salud mental. Por ello, el éxito en relación con el cuerpo no debe limitarse a la apariencia o las habilidades externas, sino que debe incluir un enfoque integral de bienestar (Le Breton, 2021). El reconocer el cuerpo como un símbolo de victoria, puede conducir a que las personas se aprecien por lo que son y por todo lo que son capaces de lograr. En este orden de ideas, el cuerpo hace frente a diversos desafíos de la sociedad contemporánea, donde el éxito de los sujetos, en ambos sexos, se ve expresado en gran medida por la imagen corporal exhibida.

La corporalidad humana se enmarca dentro de un conjunto de funciones, que abarcan desde la respiración hasta la digestión y la movilidad, entre otras funciones (Le Breton, 2017). A pesar de sus notables capacidades, el cuerpo también puede ser una fuente de estigmatización que se traduce en trastornos conductuales ligados a la forma de interactuar del sujeto con el entorno (Bordo, 2003). Los sujetos pueden presentar dificultades con su autoimagen y su autoestima, sobre todo, en una cultura que da mucha importancia al atractivo físico, y el sujeto uniformado no es ajeno a esta situación (Segal, 1986; Turnbull, 2017).

Los problemas a los que se enfrenta el cuerpo del soldado en formación no son solo físicos, sino también de orden psico-afectivo y conductuales (Segal, 1986; Bourke, 1999). La autocrítica y la tensión social pueden tener un efecto importante en la salud mental, pues provocan ansiedad, abatimiento y otros trastornos psicológicos (Bourke, 1999). Además, el cuerpo puede ser fuente de sufrimiento y malestar, sobre todo, para quienes padecen manifestaciones clínicas de enfermedades no diagnosticadas (Le Breton, 2017).

Estas dificultades pueden resultar agotadoras, lo que dificulta encontrar la motivación para reconocer el cuerpo como símbolo de grandeza. Sin embargo, es importante reconocer la tenacidad y resistencia del cuerpo (Merleau-Ponty, 2012; Shilling, 2003). Desde una valoración positiva, las personas pueden modificar la relación con su cuerpo y verlo como un símbolo de fortaleza y éxito (Turner, 1996). En última instancia, el triunfo en cuanto al cuidado del cuerpo consiste en superar retos, distracciones y pensamientos limitantes, ir más allá de las restricciones y alcanzar el máximo potencial. De los planteamientos anteriores, se arriba a las siguientes inferencias:

  1. La obligación de cumplir ciertos ideales de belleza puede llevar a un sentimiento de humillación e inadecuación, lo que dificulta ver el cuerpo como una fuente de fortaleza. Además, las personas pueden enfrentarse a complicaciones físicas, como enfermedades crónicas no trasmisibles, deficiencias o lesiones que pueden obstaculizar su capacidad para realizar las actividades cotidianas. Estas luchas pueden ser desalentadoras, lo que hace más difícil ver el cuerpo como un símbolo de logro.

  2. Del mismo modo que una competición exige a sus participantes superar dificultades y derrotar rivales, el cuerpo también debe luchar contra la enfermedad, las lesiones o la edad para mantener su funcionamiento óptimo. Por lo tanto, el cuerpo es un símbolo del éxito, que encarna la tenacidad, la fuerza y la determinación necesaria para lograr nuestras ambiciones. Al apreciar el significado del triunfo, podemos reconocer los asombrosos logros que los cuerpos alcanzan cada día.

Abrazar el concepto de triunfo es esencial para comprender cómo la anatomía humana puede considerarse una encarnación de este concepto. En la formación física del soldado, los cuerpos se constituyen en creaciones capaces de realizar hazañas significativas, desde correr maratones hasta escalar montañas y cumplir la misión de defender la Nación (Segal, 1986; Bourke, 1999). Del mismo modo que una competición exige superar dificultades y derrotar rivales, el cuerpo también debe luchar contra la enfermedad, las lesiones o la edad para mantener su funcionamiento óptimo (Crawford, 1980). Por lo tanto, el cuerpo es un símbolo del éxito, que encarna la tenacidad, la fuerza y la determinación necesaria para lograr nuestras ambiciones (Le Breton, 2017; Shilling, 2003).

Conseguir una sensación de plenitud en cualquier área de la vida puede ser todo un reto. Entender la distinción entre el logro personal y la superación de un obstáculo es clave para redefinir la relación con nosotros mismos. Para ello, es esencial considerar los diversos obstáculos que pueden dificultar nuestra capacidad para aceptar y abrazar nuestra forma física: Desde la forma, el tamaño del cuerpo hasta lo fisiológico y lo patológico, pueden considerarse también como oportunidades de crecimiento y amor propio.

Conclusiones

La aproximación desde la mirada fenomenológica permite la comprensión del cuerpo del soldado como un medio de expresión, discurso y significado. Es a través de la manifestación de la existencia corpórea que se internalizan los patrones del deber ser que expresan la identidad militar, convirtiéndose en un símbolo de pertenencia y compromiso, a partir de la experiencia vivida. El cuerpo en la vida castrense representa, en sí mismo, un símbolo cargado de significados culturales orientados a la defensa, la disciplina y el honor. En este sentido, el cuerpo se establece como un en un espacio tangible de reconocimiento social reflejando los valores y normas de la institución castrense.

El valor asignado en la sociedad contemporánea al aspecto físico ha implicado consecuencias cuestionables desde el ámbito de las prácticas alimentarias y la salud mental, dado que los sujetos experimentan mayores niveles de ansiedad, angustia y depresión como consecuencia de la presión por el alcance de un cuerpo idealizado socialmente. El énfasis en la apariencia externa ha creado una cultura de la comparación, en la que las personas se contrastan constantemente con los demás y pueden experimentar una continua insatisfacción por el cuerpo propio.

La fenomenología, al centrar la atención en comprender el significado de la experiencia vivida y en la manera en que los soldados perciben y se perciben, muestra que las prácticas corporales impuestas, si bien responden a necesidades organizacionales, muchas veces erosionan la unidad ontológica del ser, fragmentando al individuo entre la apariencia deseada y la salud integral real. Esto se observa tanto en las fases tempranas de la formación militar, donde predomina la presión estética y funcional, como en la vejez institucional, donde la pérdida de vigor puede percibirse como fracaso.

La forma física en el soldado puede interpretarse por algunos como una representación de logros en el contexto militar. No obstante, es importante establecer a modo de cierre, que el significado de cuerpo trasciende la estructura misma corpórea, pues comprende el ser interior, los sentimientos y las reflexiones obtenidas a partir de la experiencia de vida, tal cual como permite comprender la concepción de la fenomenología de la percepción de Maurice Merleau-Ponty, que ha servido como punto de partida y fundamentación teórico-práctica. Desde este paradigma cualitativo, bajo una mirada crítica y reflexiva, es necesario abrir un diálogo ético y pedagógico en torno a las políticas de formación físicas, alimentarias y nutricionales en las Fuerzas Armadas dominicanas, con la finalidad de evitar que el culto al cuerpo se convierta en una fuente de malestar y despersonalización.

Referencias

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Fechas de Publicación

  • Publicación en esta colección
    07 Mayo 2026
  • Fecha del número
    Jan-Dec 2026

Histórico

  • Recibido
    20 Oct 2025
  • Revisado
    18 Dic 2025
  • Acepto
    08 Ene 2026
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