Resumen
Este estudio examina el papel de las Fuerzas Armadas de República Dominicana en el fortalecimiento de la seguridad humana, considerando las transformaciones del orden mundial del siglo XXI. Utilizando un enfoque analítico-comparativo, se analiza la contribución institucional de la Universidad Nacional para la Defensa (UNADE), los hospitales docentes universitarios y la Dirección General de Escuelas Vocacionales (DIGEV) al desarrollo profesional, sanitario y educativo del país. A partir de datos estadísticos institucionales del período 2000-2024, se evalúa el impacto de la formación en seguridad y defensa, la inserción laboral de egresados, la producción de especialistas médicos y la expansión territorial de la educación técnica. Los resultados muestran que la profesionalización en áreas estratégicas, la integración civil-militar y la ampliación de la cobertura educativa fortalecen dimensiones esenciales de la seguridad humana, como la seguridad económica, sanitaria, educativa e institucional. Se concluye que, en el contexto internacional actual, las Fuerzas Armadas dominicanas han expandido su función tradicional de defensa territorial, consolidándose como actor estratégico para la resiliencia estatal y la estabilidad social. Este estudio aporta una perspectiva empírica que reinterpreta el rol de la educación militar superior como instrumento de política pública orientada al bienestar y a la gobernanza democrática, destacando la importancia de la formación especializada y la integración institucional en la construcción de un Estado más robusto y capaz de responder a amenazas multidimensionales.
Palabras clave:
Seguridad humana; orden mundial; seguridad multidimensional; educación en defensa; resiliencia estatal; desarrollo nacional; integración civil-militar
Abstract
This study examines the role of the Armed Forces of the Dominican Republic in strengthening human security, considering the transformations of the 21st-century world order. Using an analytical-comparative approach, it analyzes the institutional contributions of the National Defense University (UNADE), the university teaching hospitals, and the General Directorate of Vocational Schools (DIGEV) to the country’s professional, health, and educational development. Based on institutional statistical data from 2000-2024, the impact of training in security and defense, the labor market insertion of graduates, the production of medical specialists, and the territorial expansion of technical education are assessed. The results show that professionalization in strategic areas, civil-military integration, and the expansion of educational coverage strengthen essential dimensions of human security, such as economic, health, education, and institutional security. This study concludes that, in the current international context, the Dominican Armed Forces have expanded their traditional territorial defense function, consolidating themselves as a strategic actor for state resilience and social stability. This study provides an empirical perspective that reinterprets the role of higher military education as a public policy instrument aimed at well-being and democratic governance, highlighting the importance of specialized training and institutional integration in building a more robust state capable of responding to multidimensional threats.
Keywords:
Human security; World order; Multidimensional security; Defense education; State resilience; National development; Civil-military integration
Introducción
El escenario internacional del siglo XXI se caracteriza por profundas transformaciones en el orden mundial, marcadas por la globalización, la interdependencia económica, la revolución tecnológica y la emergencia de amenazas complejas y no tradicionales. Fenómenos como el crimen organizado transnacional, las pandemias, el cambio climático, la migración irregular, los conflictos asimétricos y las crisis sanitarias y sociales han puesto en evidencia las limitaciones de los enfoques clásicos de seguridad centrados exclusivamente en la defensa territorial del Estado. En este contexto, la noción de seguridad humana ha adquirido una relevancia creciente como paradigma alternativo, al situar a la persona y su bienestar integral en el centro de las políticas de seguridad y desarrollo.
Como destacaba Pérez (2006), ya para el 2006 era necesario que la sociedad tome consciencia de la defensa y seguridad nacional y también la urgencia de que se transformase la visión de la sociedad acerca de los militares que, en la media, en que fueran abiertos con la sociedad se convertirían en fuente política y económica.
Desde esta perspectiva, la seguridad humana -impulsada desde los debates internacionales promovidos por Naciones Unidas- amplía el concepto tradicional de seguridad para abarcar dimensiones fundamentales como la seguridad económica, alimentaria, sanitaria, educativa, ambiental, personal, comunitaria y política. Este enfoque reconoce que el desarrollo humano sostenible y la seguridad no son ámbitos separados, sino realidades interdependientes que requieren respuestas integrales, coordinadas y multisectoriales por parte de los Estados y sus instituciones estratégicas.
La educación superior en seguridad y defensa emerge, en este sentido, como un componente estratégico para fortalecer las capacidades institucionales frente a los desafíos del siglo XXI. La formación de profesionales con competencias técnicas, éticas y sociales, capaces de comprender la complejidad del entorno global y de actuar en consonancia con los principios de desarrollo humano y gobernanza democrática, se convierte en un factor clave para la construcción de sociedades más resilientes y seguras.
En República Dominicana, la Universidad Nacional para la Defensa (UNADE) ha desempeñado un papel fundamental en este proceso de transformación educativa, al integrarse al sistema nacional de educación superior y promover programas académicos orientados a la seguridad, la defensa y el desarrollo nacional. A través de un modelo educativo basado en competencias, la UNADE ha contribuido a la formación de profesionales militares y civiles que inciden directamente en sectores estratégicos para la seguridad humana, tales como la administración pública, la salud, la educación, la gestión de riesgos y la protección de los derechos humanos.
Desde esta perspectiva, el presente estudio se propone analizar el rol de las Fuerzas Armadas de República Dominicana en el desarrollo social y económico del país, enfocándose particularmente en su contribución a la seguridad humana a través de la educación superior en seguridad y defensa. De manera específica, se busca comprender cómo la transformación educativa impulsada por la UNADE y la Dirección General de las Escuelas Vocacionales de las FF. AA. y la Policía Nacional (DIGEV) se articula con los desafíos del orden mundial contemporáneo y contribuye al fortalecimiento de las capacidades nacionales para garantizar el bienestar, la dignidad y la seguridad integral de la población. Este estudio centra la mirada en el impacto de la Universidad con su Modelo Educativo en la especialización de profesionales en diversas áreas del saber.
Es importante valorar el impacto de la formación sobre el Modelo Educativo de la UNADE ya que ayudaría a identificar las fortalezas de este en el proceso de enseñanza-aprendizaje, avanzando así hacia una educación dinámica y que pueda dar respuestas a los nuevos tiempos.
Es así como en este breve trabajo investigativo, se asume como pregunta principal ¿Cómo contribuyen las Fuerzas Armadas de la República Dominicana al fortalecimiento de la seguridad humana en el contexto de las transformaciones del orden mundial del siglo XXI, a través de su rol en el desarrollo social y económico mediante la educación superior en seguridad y defensa?
Partiendo de la pregunta principal, surgen así los siguientes cuestionamientos clave: ¿Cuáles transformaciones del siglo XXI han redefinido los enfoques actuales de seguridad y defensa desde la óptica de la seguridad humana? ¿Cómo las Fuerzas Armadas dominicanas han evolucionado más allá de la defensa tradicional, aportando al desarrollo humano y la seguridad integral? ¿De qué forma la educación superior en seguridad y defensa de la UNADE fortalece la formación de profesionales comprometidos con la seguridad humana? ¿Cuál ha sido el impacto social y económico de los egresados de la UNADE, escuelas vocacionales y hospitales docentes en sectores estratégicos? Finalmente, ¿qué retos y aportes enfrenta la transformación educativa militar ante las exigencias del entorno global y los nuevos enfoques de seguridad humana?
Este estudio de diseño no experimental, con alcance exploratorio-descriptivo, de enfoque mixto y que utiliza el método deductivo tiene como tema central las FF. AA. y la seguridad humana en el siglo XXI: Educación superior, desarrollo y defensa en República Dominicana. En lo que respecta a la parte cualitativa de este estudio se realiza un análisis documental y para la recopilación de información cuantitativa se recopilan datos cuyas fuentes son la Subdirección de Registro y la Facultad de Ciencias de la Salud de la UNADE y la Dirección General de las Escuelas Vocacionales de las FF. AA. y la PN. Se elaboró una plantilla de Excel en la cual se recopiló la información de acuerdo con los gráficos recibidos.
La pertinencia y relevancia de este estudio radica en el acelerado avance de la educación y los cambios sociales que involucran la seguridad y defensa. La constante innovación es uno de los pilares de la educación superior y es una responsabilidad de la universidad incentivarla en sus estudiantes, pero también en sus docentes.
Desarrollo
educación, seguridad y desarrollo: la transformación educativa de las Fuerzas Armadas dominicana
El Estado dominicano maneja diversos medios para lograr la defensa y seguridad nacional con el propósito de dar lugar a que la ciudadanía pueda sobrepasar las situaciones que lo someten, carencias en servicios básicos o la extrema necesidad; asimismo, ofrece a los ciudadanos las posibilidades del ascenso social. En ese sentido, las FF. AA., fomentan la concientización de la nación ante las problemáticas que embargan la sociedad, ya que sus organismos tienen la responsabilidad de asumir algunas de ellas desde diversas perspectivas que le permiten fomentar el desarrollo social de la nación. La perspectiva que se trata en este estudio es la educativa.
De esta manera, Eduardo (2023) señalaba que la educación nacional evidencia un interés sobre las nociones básicas en Seguridad y Defensa. Las FF. AA. han sido portavoces de primera línea para responder a ese interés con la formación de profesionales en diversas áreas desde lo propio que le compete -la Defensa- hasta en el ámbito de la salud con sus hospitales docentes donde se han formado muchos especialistas.
Las Fuerzas Armadas constituye un patrimonio esencial de la sociedad dominicana, como lo señala Pérez (2006). Su rol va más allá del ámbito militar tradicional, desempeñando una función clave en el avance de los intereses nacionales y en la consecución de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la Agenda 2030 (Naciones Unidas, 2015; Naciones Unidas, 2018). A través de su transformación educativa y su participación en la educación superior, las FF. AA. ha favorecido de manera significativa al desarrollo social y económico del país, respondiendo a las demandas actuales de seguridad, defensa y formación profesional de calidad.
La tarea de las Fuerzas Armadas abarca cada uno de los objetivos para el desarrollo sostenible, en sus numerosos indicadores. Centrar la atención en el objetivo 4: Garantizar una educación inclusiva y equitativa de calidad y promover oportunidad de aprendizajes para todos, transporta a mirar los avances en la educación en las FF. AA. cuyo aporte a la sociedad dominicana es notorio (ver estadísticas). Para que las FF. AA. pudiera ser parte integral en el cumplimiento del objetivo en cuestión, se hizo necesario una transformación de su educación superior. La apertura como respuesta al aislamiento militar antiguo, es lo que ha permitido que haya una colaboración interinstitucional con organismos del Estado, sobre todo con el Ministerio de Educación Superior, Ciencia y Tecnología (MESCyT), que ha fungido como asesor permanente y organismo supervisor de sus procesos educativos en los aspectos académicos.
La UNADE, anteriormente Instituto Nacional para la Defensa (INSUDE) -sin menoscabo de las escuelas vocacionales- es la encargada del diseño e implementación de programas educativos necesarios en la carrera militar y funge como enlace con el Sistema Nacional de Educación Superior, Ciencia y Tecnología así lo estipula la Ley 139-13 Orgánica de las Fuerzas Armadas (2013), en su Artículo 205. La misma Ley Orgánica, en su artículo 95 específica que las FF. AA. están comprometidas con la superación personal de sus miembros y es así como ofrecen facilidades para que adquieran conocimientos en otras áreas del conocimiento y profesiones universitarias.
Esta inserción en el Sistema de Educación Superior ha sido muy provechosa para la sociedad, ya que le ha permitido diseñar programas en áreas del conocimiento que no son vistos en otras Instituciones de Educación Superior (IES). A esta casa de altos estudios se estará haciendo referencia en lo adelante, especificando que no se tratará la parte histórica, sino lo que concierne a los aspectos académicos que han favorecido al desarrollo económico y social.
Seguridad humana y orden mundial en el siglo XXI
Las transformaciones del orden mundial en el siglo XXI han modificado profundamente la concepción tradicional de la seguridad. Durante gran parte del siglo XX, el enfoque dominante estuvo centrado en la protección del Estado frente a amenazas externas, privilegiando la defensa territorial, el equilibrio de poder y la disuasión militar. Sin embargo, la globalización, la interdependencia económica, el avance tecnológico y la aparición de amenazas no convencionales han evidenciado la insuficiencia de este paradigma exclusivamente estatal (Buzan, 1991).
En este contexto emerge el concepto de seguridad humana, desarrollado en el Informe sobre Desarrollo Humano de 1994 del Programa de las Naciones Unidas, el cual redefine la seguridad como la protección de las personas frente a amenazas crónicas -como el hambre, la enfermedad y la represión- y frente a perturbaciones súbitas que alteran la vida cotidiana. Este enfoque amplía el espectro tradicional de la seguridad al incorporar dimensiones interrelacionadas: seguridad económica, alimentaria, sanitaria, ambiental, personal, comunitaria y política. La seguridad deja de entenderse exclusivamente como defensa del territorio para concebirse como garantía de dignidad, bienestar y desarrollo humano sostenible.
Desde la perspectiva de los estudios estratégicos contemporáneos, la ampliación del concepto de seguridad también ha sido abordada por la llamada Escuela de Copenhague, que introduce la noción de securitización y la importancia de los sectores no militares en el análisis de amenazas (Buzan, Wæver & de Wilde, 1998).
Paralelamente, en el ámbito hemisférico, la Organización de los Estados Americanos ha impulsado el concepto de seguridad multidimensional, reconociendo que las amenazas contemporáneas incluyen fenómenos como el crimen organizado transnacional, el terrorismo, el narcotráfico, los desastres naturales, las pandemias y los riesgos ambientales (Organización de los Estados Americanos, 2003). Este enfoque destaca la necesidad de respuestas coordinadas entre instituciones civiles y militares, promoviendo la cooperación interinstitucional y la corresponsabilidad estatal en la protección integral de la población.
Los enfoques contemporáneos de defensa no tradicional surgen precisamente de esta ampliación conceptual. Las Fuerzas Armadas, sin abandonar su misión esencial de defensa nacional, han incorporado funciones relacionadas con la gestión de riesgos, la asistencia humanitaria, la protección de infraestructuras críticas, el apoyo a la seguridad pública en contextos específicos y la cooperación internacional. Esta evolución no implica una sustitución de su rol histórico, sino una adaptación estratégica frente a un entorno caracterizado por amenazas híbridas y desafíos complejos que trascienden las fronteras estatales (Beck, 1998).
En este marco, la educación superior en seguridad y defensa adquiere un valor estratégico. La formación de profesionales capaces de comprender la complejidad del entorno internacional, analizar riesgos multidimensionales y actuar con criterios éticos y democráticos se convierte en un componente esencial para la consolidación de la seguridad humana. La educación no solo fortalece capacidades técnicas, sino que también fomenta pensamiento crítico, liderazgo responsable y compromiso institucional, elementos fundamentales para la resiliencia social (Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, 2013).
La relación entre educación, defensa y resiliencia social se evidencia en la capacidad de las instituciones formativas para generar capital humano especializado que contribuya al fortalecimiento del Estado y a la protección de la ciudadanía. La resiliencia social, entendida como la capacidad de una sociedad para anticipar, resistir y recuperarse de crisis y amenazas, depende en gran medida de la preparación profesional, la coordinación institucional y la confianza en las estructuras estatales. En este sentido, las instituciones de educación superior vinculadas a la seguridad y defensa cumplen un papel relevante en la construcción de capacidades estratégicas orientadas al bienestar colectivo.
Desde esta perspectiva analítica, el estudio del caso dominicano permite observar cómo las Fuerzas Armadas, a través de su sistema educativo -incluyendo la Universidad Nacional para la Defensa (UNADE), las Escuelas Vocacionales y los hospitales docentes-, se inserta en esta lógica de transformación global. La formación de profesionales militares y civiles en áreas estratégicas contribuye no solo al desarrollo económico y social, sino también al fortalecimiento de las dimensiones de la seguridad humana en el país (Ministerio de Defensa de la República Dominicana, 2021).
La incorporación de este marco teórico internacional permite trascender una lectura meramente institucional o descriptiva del fenómeno, situando el análisis dentro de los debates contemporáneos sobre orden mundial, seguridad humana y defensa multidimensional. De este modo, el estudio adquiere una proyección analítica-comparativa que vincula la experiencia dominicana con tendencias globales en materia de seguridad y desarrollo.
Calidad educativa en las Fuerzas Armadas y su contribución a la seguridad humana en el siglo XXI
En el contexto de las transformaciones del orden mundial del siglo XXI, la calidad educativa en las Fuerzas Armadas adquiere una dimensión estratégica que trasciende el ámbito institucional. La educación superior en seguridad y defensa no solo responde a estándares académicos nacionales, sino que se inserta en la lógica global de fortalecimiento de capacidades estatales para enfrentar amenazas multidimensionales que impactan directamente la seguridad humana.
Las Fuerzas Armadas de República Dominicana, a través de la Universidad Nacional para la Defensa (UNADE), ha desarrollado un modelo formativo centrado en competencias, orientado a preparar profesionales capaces de actuar ante escenarios complejos caracterizados por riesgos híbridos, crisis sanitarias, desastres naturales, criminalidad organizada y desafíos geopolíticos emergentes. En este sentido, la calidad educativa no se concibe únicamente como un requisito de acreditación, sino como un mecanismo de fortalecimiento de la resiliencia social y de la capacidad institucional del Estado (Velásquez, 2021).
La evaluación docente constituye un componente esencial dentro de este esquema, ya que permite garantizar coherencia entre los objetivos estratégicos nacionales y las prácticas pedagógicas. En el ámbito militar universitario, el proceso de enseñanza-aprendizaje implica la formación de profesionales con habilidades técnicas, liderazgo ético y competencias sociales necesarias para operar en entornos interinstitucionales e internacionales (García y Segura, 2021). Este enfoque responde a la evolución de la seguridad hacia una perspectiva multidimensional, donde la cooperación civil-militar y la articulación regional son elementos fundamentales.
Para asegurar estándares de excelencia, la UNADE implementa un modelo de evaluación 360°, que examina no solo el desempeño académico, sino también el compromiso institucional, la capacidad investigativa y la madurez profesional del docente (Carmona, citado por Vásquez Villanueva, 2023). Esta metodología permite alinear la formación con las demandas contemporáneas de la seguridad internacional, donde el conocimiento especializado y la ética profesional son pilares de la legitimidad institucional.
El Modelo Educativo UNADE (2016), fundamentado en el constructivismo y el enfoque por competencias, favorece el aprendizaje activo, colaborativo y orientado a la resolución de problemas reales. Esta orientación resulta coherente con las exigencias del entorno global, donde la anticipación estratégica y la gestión integral de riesgos son competencias clave para la protección de la seguridad humana. Diversos estudios destacan que la retroalimentación sistemática y la evaluación continua contribuyen al mejoramiento permanente de la calidad educativa y, por ende, al fortalecimiento institucional (Hervis, 2018; Chávez-Hernández et al., 2025).
La incorporación de diez competencias transversales en los programas académicos -incluyendo liderazgo, pensamiento crítico, responsabilidad ética y conciencia medioambiental- refuerza la formación integral de los profesionales militares y civiles. Estas competencias se relacionan directamente con la capacidad del Estado para promover estabilidad, desarrollo sostenible y cohesión social, elementos esenciales dentro del enfoque de seguridad humana promovido por la Naciones Unidas (1994).
Asimismo, la profesionalización docente mediante el Diplomado Modelo Educativo UNADE y la integración de metodologías como el aprendizaje basado en problemas, estudios de caso, proyectos integradores y redes de investigación, contribuyen a generar capital humano estratégico. Esta formación impacta no solo en el desempeño institucional, sino también en la proyección regional del país, especialmente cuando la institución participa en la capacitación de estudiantes provenientes de naciones aliadas, fortaleciendo así la cooperación en materia de seguridad hemisférica.
En consecuencia, la calidad educativa en las Fuerzas Armadas dominicanas debe entenderse como un instrumento de política pública orientado al fortalecimiento de la seguridad humana en un entorno internacional dinámico. La educación en seguridad y defensa, bajo estándares de excelencia y pertinencia, se convierte en un factor clave para la adaptación estratégica del Estado frente a los desafíos del orden mundial contemporáneo.
Incidencia de la formación impartida por la UNADE en la seguridad humana y el desarrollo institucional
La relevancia estratégica de las Fuerzas Armadas en el contexto del nuevo orden mundial del siglo XXI se evidencia a través del accionar de la UNADE y la formación de especialistas egresados de sus diversos programas académicos. En este entorno internacional dinámico, las estadísticas sobre la formación y desempeño de estos profesionales adquieren especial importancia, pues reflejan la capacidad de adaptación de la institución ante amenazas multidimensionales que afectan la seguridad humana. Además, se presentan datos sobre los egresados de los hospitales docentes de las FF. AA., quienes, desde las especialidades y subespecialidades médicas, contribuyen significativamente al desarrollo nacional y a la protección social, alineándose con los retos globales de salud y seguridad.
Estos datos permiten apreciar cómo la educación militar y la formación técnica contribuyen a fortalecer la resiliencia social y la capacidad institucional del Estado frente a los desafíos contemporáneos de la seguridad humana.
Desde su fundación en noviembre de 1983, inicialmente como Instituto Militar de Educación Superior (IMES), la UNADE ha contribuido a la sociedad dominicana formando profesionales altamente capacitados. Para este estudio, se consideraron los datos desde el año 2000 hasta la actualidad. Según la información proporcionada por la Subdirección de Registro, la UNADE ha graduado a un total de 9,133 profesionales, quienes aportan sus competencias tanto en el ámbito militar como en sectores civiles, consolidando la capacidad del Estado para responder a los retos del nuevo orden mundial y garantizar la seguridad humana en múltiples áreas de la nación.
La figura 1 muestra la distribución porcentual de egresados por Escuelas de Graduados. La mayor concentración en la EGDC (31%) y EGAEE (29%), seguida por la EGDDHHyDIH (15%), evidencia una orientación estratégica hacia áreas vinculadas con comando, Estado Mayor, estrategia, derechos humanos y derecho internacional humanitario.
Se tomó una muestra de 85 a conveniencia, en la que se determinó si laboraban en el sector público o privado. Los resultados mostrados en la figura 2 afloraron que el 79% labora en el sector público, mientras que el 21% en el sector privado lo que constituye un indicador directo de contribución a la seguridad económica e institucional.
De este mismo modo se consultó acerca de la institución en que laboran, resultando que una parte de ellos labora en las filas de las FF. AA., en la comisión presidencial de apoyo barrial, Banco de Reservas, Senado de la República, Instituto Tecnológico de Santo Domingo, Hospital Docente Universitario Central de las Fuerzas Armadas, Procuraduría General de la República, Tribunal Constitucional, Ministerio de Educación, Poder Judicial, Tribunal Superior Electoral, Cruz Roja Dominicana, Ministerio de Industria y Comercio y Mipymes, Embajada de los Estados Unidos de América, Ministerio de Relaciones Exteriores, Defensor del Pueblo.
Es justo que se haga mención del estudio realizado por García y Segura, (2021) quienes ofrecen una estadística sobre los egresados de 2016-2020 con una muestra de 1023 egresados. Del estudio se extrae una información que se considera relevante, ya que permite identificar los lugares donde prestaban servicio los egresados que fueron población de estudio. Las estadísticas que se presentaron en dicha investigación mostraban que 23% de los egresados para ese tiempo laboraba en el Ejército, un 10% en la Armada Dominicana y un 33% en la Fuerza Aérea, mientras que la clase civil un 2% en el Ministerio de Relaciones Exteriores, Dirección General de Migración, Ministerio de Hacienda, Procuraduría General de la República, Tribunal Constitucional, Tribunal Superior.
La estadística (ver figura 3) muestra que el Diplomado en Comando y Estado Mayor conjunto es el programa que ha obtenido una mayor proporción de egresados un 20% (838), seguido de la Maestría en Defensa y Seguridad Nacional 16% (672) y la Especialidad en Derechos Humanos y Derecho Internacional Humanitario 13% (546). En tanto que un 10% (401) fueron formados en la Especialidad en Comando y Estado Mayor Conjunto, un 7% (281) en el Diplomado Comando y Estado Mayor para Fuerzas Terrestres y un 6% la Especialidad en Geopolítica (267) y el Diplomado en Defensa y Seguridad Nacional (253).
El predominio del Diplomado en Comando y Estado Mayor Conjunto (20%), la Maestría en Defensa y Seguridad Nacional (16%) y la Especialidad en Derechos Humanos y DIH (13%) revela una formación orientada a la gestión estratégica y al respeto de estándares internacionales. Este dato adquiere relevancia en el contexto global contemporáneo, donde la profesionalización en derechos humanos fortalece la legitimidad democrática y la alineación con normas internacionales, reforzando la seguridad institucional y jurídica.
Cabe destacar, como se puede ver en la figura 4, El 82% de los egresados indica que ocupa posiciones que le permiten aplicar los conocimientos adquiridos. Este resultado demuestra pertinencia formativa y transferencia efectiva de capacidades.
Desde una lectura estratégica, este indicador evidencia fortalecimiento de la resiliencia institucional, ya que los conocimientos en seguridad y defensa se traducen en decisiones y acciones concretas dentro del aparato estatal.
Además, es importante señalar que el 88% de los encuestados indicó que la educación superior en Seguridad y Defensa es un pilar importante para el desarrollo nacional (ver figura 5). Los cuales señalaron que han implementado o participado en proyectos que benefician el desarrollo social y económico, destacando entre estos: el desarrollo del proyecto TP-Dulus. La educación especializada en defensa se convierte en herramienta preventiva frente a riesgos complejos, fortaleciendo gobernanza y estabilidad en un entorno internacional dinámico.
Pertinencia de la Educación en Seguridad y Defensa como pilar importante para el desarrollo nacional
En otro orden, es importante mostrar un dato estadístico elaborado por la subdirección de Registro Central de la UNADE, que toma como parámetros los años 2018-2024. El total de egresados de EGAEE y EGDDHHyDIH asciende a 673 graduados. En el gráfico 6 (ver figura 6) se presenta de forma segregada por escuela el porcentaje de egresados civiles y militares. En EGAEE el 51% (221) pertenece a la clase civil, mientras que un 49% son miembros de las FF. AA., aunque hay una notoria diferencia cuando se observan los datos de EGDDHHyDIH ya que el 66% (153) pertenencen a la clase civil y 34% (84) son militares. De este modo, se fortalece la seguridad multidimensional, permitiendo una efectiva coordinación interinstitucional para hacer frente a las amenazas híbridas y transnacionales.
La figura 7 muestra una variación con relación a las academias militares, porque el 34% (1702) de los egresados y presentados en las estadísticas de la Unidad de Registro, representa a la graduación retroactiva. Esta fue aprobada conforme a la Resolución No. 010-2021 de fecha 30 de septiembre de 2021 del Consejo de directores del INSUDE y la Resolución No. 31-2021 de fecha de 3 de diciembre de 2021 del Consejo Nacional de Educación Superior, Ciencia y Tecnología (CONESCYT), desde 1976-1999. Mientras que el 28% (1404) correspondiente a ANES, el 27% (1386) a AMBC y un 11% (554) en la AAGBPFAFM (ver figura 7).
Hospitales militares y seguridad sanitaria
Como se ha señalado antes, las FF. AA. han jugado un papel preponderante en el desarrollo nacional no solo en el ámbito que le es propio - la defensa nacional- sino que su alcance, a través de la educación se ha extendido incluso al ámbito de la seguridad con la formación de médicos en especialidades y subespecialidades. Es así como este estudio, también, fija la mirada en el aporte al desarrollo nacional desde los hospitales de las Fuerzas Armadas con la entrega de 2771 especialistas en áreas diversas de la medicina.
La figura 8 muestra el mayor porcentaje de egresados de los hospitales docentes universitarios de las FF. AA. son civiles 58% (1595) mientras que un 42% (1176) pertenecen a las filas de las FF. AA. (ver figura 8).
En clave de seguridad humana, los datos del grafico 8 indican el fortalecimiento de la seguridad sanitaria, especialmente relevante en un contexto global marcado por pandemias y emergencias médicas.
Los datos que se presentan en la figura 9 (ver figura 9) indican los egresados por hospitales militares docentes. Es así como la mayor parte de los egresados, realizaron sus estudios de especialidad en el Hospital Universitario Docente Central de las Fuerzas Armadas, 35% (962) de la clase civil y un 26% (714) miembros de las FF. AA. En tanto que los egresados de las especialidades del Hospital Militar Universitario Docente, FARD. “Dr. Ramón de Lara” el 23% (633) de la clase civil y un 16% (462) miembros de las FF. AA.
La concentración de especialistas en el Hospital Universitario Docente Central de la FF. AA. y en el Hospital Militar Universitario Docente “Dr. Ramón de Lara” evidencian la capacidad estratégica, ya que funcionan como reservas institucionales de respuestas ante crisis sanitarias, fortaleciendo la resiliencia nacional.
La figura 10 muestra las especialidades con mayor número de egresados como son: Medicina Interna 22% (600) Obstetricia y Ginecología 20% (568) Pediatría 19% (531) Cirugía General 13% (368) Anestesiología 8% (228) mientras que las de menos incidencia son: Ortopedia y Traumatología 4% (97), Urología (86) y Medicina Familita y Comunitaria (82) para 3% cada una, Citología (68) e Imágenes Diagnósticas y Radiología (63) para un 2% cada una.
Escuelas Vocacionales y seguridad educativa y económica
El rol de las FF. AA. en el ámbito de la seguridad humana, a través de la DIGEV, es indudable. Así se puede comprobar en la cantidad de egresados de sus programas desde el año 1966, de acuerdo con los datos ofrecidos por la misma dirección.
Los datos ofrecidos por las DIGEV se organizaron en períodos de 10 años para una mayor comprensión del lector. En este sentido, se podrá ver un incremento significativo conforme a los años indicando un fortalecimiento institucional de la DIGEV y un mayor poblacional.
En el primer período (1966-1975) la DIGEV tuvo una tímida graduación con un total de 7113 estudiantes (2%), sin embargo, en el segundo período (1976-1985) tuvo un alcance mayor con la graduación de 20,479 estudiante (5%), en el tercer período (1986-1995) 30,415 (6%) estudiantes obtuvo su certificación en diferentes áreas técnicas. En lo que respecta al cuarto período (1996-2005) hubo un descenso de un 1% ya que el número de egresados disminuyó a 25,071 (5%) estudiantes. Sin embargo, para el quinto período (2006-2015) hubo un crecimiento egresando de las Escuelas Vocacionales un total de 69,329 (15%) mientras que el último período (2016 a la fecha) la cantidad de egresados aumentó muy significativamente con un total de 315,276 (67%) egresados (ver figura 11).
Es importante destacar que el crecimiento del impacto al desarrollo nacional por parte de las FF. AA., a de la DIGEV, de bebe al nivel de alcance que ha tenido, ya que, de acuerdo con las estadísticas proporcionadas, para el año 2024 contaba con presencia en 22 provincias (ver figura 12) de nuestro país, específicamente en 35 comunidades, entre las cuales están: Arroyo Barril, Arroyo Cano, Azua, Bani Barahona, Boca de Cachón, Castillo Duvergé, Elías Piña, Enriquillo, Gaspar Hernández (Moca), Hato Mayor, Jarabacoa (La Vega), La Ciénaga, La Romana, La Vega, La Victoria, Las Matas de Farfán, Los Alcarrizos, Los Castillos, Los Pajones de Nagua, Miches, Moca, Nagua, Neyba, Pedernales, Pimentel, San Cristóbal, San José de las Matas, San José de Ocoa, San Pedro de Macorís, Santo Domingo Este, Vallejuelo, Valverde Mao, Yaguate de San Cristóbal.
El notable aumento en la cantidad de egresados durante el período 2016-2024, que representa un 67% del total, evidencia el impacto transformador de las Escuelas Vocacionales en el país. Este crecimiento no solo refuerza la seguridad educativa al ampliar las oportunidades de formación, sino que también contribuye de manera significativa a la seguridad económica, incrementando la empleabilidad técnica de los egresados y, en consecuencia, la inserción laboral. Además, se observa una mejora en la seguridad social, al reducirse los niveles de exclusión y desigualdad en el acceso a la capacitación técnica.
En la figura 12 se puede visualizar que para el año 2024 la DIGEV contaba con la siguiente distribución de estudiantes por provincias: Santo Domingo (7552), San Cristóbal (4340), San Pedro de Macorís (2859), Barahona (2549), Duarte (2511), La Romana (2660), Espaillat (1721), La Vega (1537), Peravia (1465), San Juan (1334), Independencia (1272), Hato Mayor (1293), Valverde (1193), Bahoruco (1045), Samaná (998), María Trinidad Sánchez (935), Elías Piña (618), El Seibo (602), San José de Ocoa (509), Pedernales (450), Azua (356) y Santiago (241) para un total de 37,770 cursantes.
Conclusiones
El análisis desarrollado en este estudio permite afirmar que el rol de las Fuerzas Armadas de República Dominicana, particularmente a través de la Universidad Nacional para la Defensa (UNADE), los hospitales docentes universitarios y la Dirección General de Escuelas Vocacionales (DIGEV), trasciende la concepción tradicional de defensa territorial y se inserta en una lógica contemporánea de fortalecimiento de la seguridad humana.
En el contexto del orden mundial del siglo XXI, caracterizado por amenazas multidimensionales, riesgos híbridos, crisis sanitarias, vulnerabilidades económicas y desafíos geopolíticos emergentes, la seguridad ya no puede comprenderse exclusivamente desde una perspectiva militar clásica. Tal como lo plantea el enfoque de seguridad humana promovido por las Naciones Unidas (1994), la protección de las personas exige políticas públicas integrales que articulen defensa, desarrollo y gobernanza.
Los datos empíricos analizados evidencian que la formación de más de 9,000 profesionales en seguridad y defensa fortalece la seguridad institucional del Estado, al incrementar la capacidad técnica y estratégica en organismos públicos y privados. La inserción laboral mayoritaria en el sector público refuerza la estructura estatal y contribuye a la estabilidad administrativa y operativa frente a escenarios de crisis.
Asimismo, la producción de 2,771 especialistas médicos desde los hospitales docentes militares constituye un aporte estructural a la seguridad sanitaria nacional, especialmente relevante en un entorno internacional donde las pandemias y emergencias de salud pública han demostrado la interdependencia entre salud y estabilidad estatal. La significativa participación de civiles en estos programas confirma que la infraestructura sanitaria militar cumple una función de alcance nacional.
De igual forma, el crecimiento exponencial de la DIGEV y su presencia territorial en 22 provincias fortalecen la seguridad educativa y económica, al ampliar oportunidades formativas y reducir brechas regionales. En términos de seguridad humana, la educación técnica y profesional actúa como mecanismo preventivo frente a factores de riesgo asociados al desempleo, la exclusión social y la inestabilidad.
La integración civil-militar observada en diversos programas académicos refleja una adaptación institucional coherente con los postulados de la seguridad multidimensional impulsados por la Organización de los Estados Americanos (2003), donde la cooperación intersectorial es condición necesaria para enfrentar amenazas complejas.
En consecuencia, el estudio confirma que las Fuerzas Armadas dominicanas no solo cumplen su misión constitucional de defensa nacional, sino que se configuran como actor estratégico en la construcción de resiliencia estatal y bienestar social. Su contribución al desarrollo profesional, sanitario y educativo fortalece dimensiones esenciales de la seguridad humana, alineándose con las transformaciones del orden internacional contemporáneo.
Finalmente, esta investigación demuestra que el caso dominicano ofrece un ejemplo relevante de cómo las instituciones de defensa pueden adaptarse a las dinámicas del siglo XXI, integrando formación académica, profesionalización ética y compromiso social como pilares de estabilidad nacional. Esta reconfiguración del rol militar, lejos de diluir su función esencial, la amplía en coherencia con las demandas de un entorno global cada vez más complejo e interdependiente.
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